miércoles, 11 de agosto de 2010

Me acuerdo de vosotros

Durante estos días me estoy acordando de mucha gente y "no sé por qué". Me viene a la azotea cuando a mi padre le llamaron a capítulo en su empresa de toda la vida. Después de más de 30 años pringando con las cuentas de la sucursal -primero con la máquina de contabilidad a pedales y después con el pc a marchas forzadas y con el azote del despido a la vuelta de la esquina si el proceso de adaptación no se consumaba a la velocidad del desprecio que practicaban con él- le propusieron lo siguiente: Papito, ¿sabes qué vamos a hacer? Te vas a montar en ese coche tan de puta madre que te ha pagado el sueldo de la empresa y te nos marchas de tour todas las jodidas mañanas a buscarte la vida por los pueblos de las islas a chuparle el nabo a todo aquel que tenga una correduría en marcha. Llamas -toc, toc- te arrodillas y después de rezar y limpiarle los zapatos al menda, le comes la moral con guarnición y te marchas implorando a los dioses que el tipo diga "sí, quiero" trabajar con vuestra compañía. Esa fue la táctica para acojonar a los currantes con más de 50 tacos para que en fechas venideras tomaran las de Villadiego con acuerdos de despido que rozaban lo criminal.

Pero mi padre, con dos cojones como las sandías de Extremadura, se los pasó por la piedra y les reventó la mesa de juego. Logró nombrar a más comerciales que nadie aumentando el volumen de negocio del chiringuito de esos hijos de puta, que nadaban en la mierda verde de su dinero podrido por la indecencia y la falta de lealtad a décadas de servicio. Una peineta por cada año de trabajo en la casa, así lo debió celebrar papá cuando le notificaron su extraordinario informe de actividad. En casa todos temíamos por su salud. Era un sinvivir de horas al volante conduciendo con la cabeza y pensando con las manos, de todo irá bien en casa y de comidas de tarro agotadoras para pagarle la carrera universitaria a sus dos hijos. Mi madre, la comandante, fue como siempre: la ostia en verso. La casa funcionaba como las oficinas de Google. Todos activados, no hay excusas, todo a punto, hay tiempo para todo -para divertirse también-, el que algo quiere algo le cuesta o mírame a mí que cada día estoy al pie del cañón desde las 06.00AM, eran sus argumentos infalibles contra la desidia. Y funcionaron de pelotas. Ya lo creo que sí, mi comandante. Ahora los dos se han especializado en cuidar nietos y lo bordan.

Me acuerdo también de Rubén al que después de una década en la compañía aérea se lo pulieron junto con centenares de compañeros más. Les importó un cipote las horas extras no cobradas, las jornadas maratonianas para que "todo saliera ok" y todas las demás jodiendas. Os pagaremos lo que nos salga del ojete y al paro de cabeza pringaos, que ya sabéis nuestro lema: "esperamos volverles a ver de nuevo a bordo... para lanzarles por la ventanilla sin paracaídas, gilipollas". Lo mismo le pasó a Eva en su empresa de altos vuelos. Les quisieron pisar la dignidad sin complejos pero al final la justicia les dio la razón, sin que sirva de precedente. También me acuerdo de mi compañero de la blogosfera, Black Jack cuando bajaron la barrera de su tenderete con un "nos vamos viendo, si eso" -o similar- contado por él mismo en el blog. No sé por qué, pero me acuerdo de ellos. Y me acuerdo de mi suegra, Antonia, con unos ovarios como los Puentes de Madison que enviudó hace 11 años y se quedó al frente de un hogar con tres hijos por emancipar y sin tiempo que perder para llorar la vida sentada y encogida en la esquina de su habitación. Ahora Bruno la adora, al igual que a Manolo con el que comunica cada noche a su manera a eso de las 21.00h. Y pienso en sus hijos, en Rebeca, en cómo el destino les soldó un pedrusco en el acelerador sin consultarles y tuvieron que aprender a pilotar su vida sin frenos. Por todos esos espejos en los que plagiarme, malditos hijos de puta, vale la pena levantarse cada mañana a pencar 10 horas al día. Y es que, no sé por qué, hoy me acuerdo mucho de vosotros.

9 comentarios:

Haruki de la Mancha dijo...

Anoche Sabina, parodiando a su querida Chavela, gritaba en el escenario:"...no estoy triste, cojones, lo que pasa es que me acuerdo..."
Ojala que lo único que te pase es que te acuerdes, porque lo demás no lo merecen. Que Bruno no tenga que escribir en su blog que su papi se dejo la salud en beneficio de otros, ni la salud, ni el humor, ni la dignidad...lo que uno vale o sabe hacer no lo deberían decidir otros.
En el peor de los casos, ya habrás ganado.

Siempre vuestro.

H_Romero dijo...

Cuando te pones místico me tiemblan las muelas, Haruki. Tu punto de vista siempre tiene una perspectiva algo diferente que me da que pensar. Gracias terapeuta.

BlackJack dijo...

Un saludo Don Héctor

Todos tenemos temporadas, no se si de bajón o más bien de subidón, en las que nos acordamos de aquellos que nos sirvieron de ejemplo, de estímulo y de espejo en el que mirarnos. Yo no hay día que no me acuerde de mi madre, a la que ya desde pequeño recuerdo mas delicada de salud de lo que pudiera ser normal, poniéndonos las pilas para ir al cole. Incluso cuando después de cuarenta años de enfermedad estaba en las últimas en la UCI, nos preguntaba si estábamos a tope en todo a través de un inseparable bloc de notas.

También nos acordamos de los que en algún momento nos alegraron el día, de los que con algún "para y respira" nos hicieron ver que no todo es desvivirse por un jefe cabrón y por una empresa que no te da ni los buenos días.

Todos hemos conocido gente con unos cojones como el caballo de Espartero (inclúyase usted don Hache entre ellos) que no se rinden ni a la de tres, ni a la de cuatro. Que ponen su empeño mas cerrado en conseguir lo que desea sin por ello tener que ir pisoteando gente para conseguirlo.

Si por mi parte en algún momento he podido arrancarle una leve sonrisa con alguno de mis post, ya doy por bien aprovechado todo el blog. Si por el contrario le falté en algo con alguno de los artículos, vayan desde aquí mis más sinceras disculpas.

Con las muestras más sinceras de consideración y respeto me despido de usted.

Su desconocido amigo, BlackJack.

H_Romero dijo...

Sin palabras amigo desconocido Black. Eres incapaz de conjugar el verbo importunar. Te mando un abrazo digital allí donde teclees.

Marcado dijo...

Una persona que con sus charlas me enseño que la vida tiene más facetas y realidades que sólo una también me enseño que ante estos casos debe uno asimilar la actitud de los toreros resumida en tres fases: parar, templar y mandar. Funciona de manera excepcional por lo que cuentas.

Borja FF dijo...

Buenas Héctor, creo que todos tenemos esos espejos donde debemos reflejarnos, pero muchas veces no le damos importancia a los valores... Y se refleja en la sociedad. Un abrazo desde Getafe ahora.

H_Romero dijo...

Marcado, me temo que tu amistad a veces te altera la concepción que tienes de mí. A pesar de eso, tenerte como amigo, como gran gran amigo, es la leche merengada. Es mi manera de ponerte en sobreaviso de cara a los marrones que te quedan por aguantarme para el resto de nuestra modesta existencia.

Borja, no puedo estar más de acuerdo contigo. Sólo recurrimos a nuestros referentes en situaciones límite, y así nos va. Gracias por tu tiempo y letras. Un abrazo desde tu otra casa.

Mateu dijo...

Si te digo que me has hecho sentir lo mismo que un músico (la gallina de piel) no exagero un pelo.
Carlos Goñi le puso letra y música a estos sentimientos en "El dorado", de Revólver.

Deberíamos reescucharla antes de cada comida familiar.

Un abrazo

H_Romero dijo...

Tienes razón, Mateu. Hay algunas canciones de Revólver que sí me gustan y esa especialmente siempre me ha emocionado al escucharla. Repasas la vida y milagros de tu familia y le encuentras un sentido tremendo a todo. Gracias por el apoyo y la lectura paciente y altruista de estas líneas. Besos a su señora, a "Susanita", a Bin y a Laden.