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miércoles, 26 de enero de 2011

Historia mínima

Los descubrí en un concurrido y renovado paseo de Palma. Allí estaban los dos, sentados frente a frente, como dos astillas salientes en una madera de carpintería pulida. Allí sobresalían ocupando el margen izquierdo de la avenida, con la discreción del que pretende huir de la panorámica del paseante. Ella, ocupaba con su figura los centímetros que preceden al precipicio que coronaba el asiento de un banco. Él, le sesgaba la trayectoria hacia el desplome colocándose enfrente, acomodado en su silla de ruedas. Parecía el inquilino novel de aquella mula mecánica despoblada de músculo y anatomía. Ambos eran niños de la guerra con más de ochenta años de recorrido. Lo que más me llamó la atención fueron aquellos gorros que culminaban sus cabezas, atrapando aquellas calorías que se creyeron libres tras superar la epidermis.

Eran compañeros de existencia. Ella le miraba a los ojos para poder reconocerse mientras repasaban su vida. Una vida repleta de primaveras y veranos, que ahora habían dejado paso a un espeso otoño caduco, terminal. Interrumpían el relato guardando silencios involuntarios, masticando los recuerdos como el rumiante que saborea  de nuevo el manjar, incapaces de pronunciar las palabras que tal vez debieran. El mismo silencio que imaginé que interpretaban ante los suyos. Aquel que se ampara en la convicción de que si se desconoce el sufrimiento se evita su padecer. Él le recuerda ese mandamiento inquebrantable al paso de la convivencia que juraron no traicionar: "Para siempre, ¿recuerdas?". A lo que ella respondió por imitación: "Para siempre, sí".

No había tiempo para prórrogas y esa circunstancia lo envolvía todo con su aroma. Ella, en apariencia, no exhibía constitución endeble. Sin embargo, al raspar con el escarpelo con detalle, y una vez superada aquella pátina de confusa solvencia, se podía contemplar  un cuerpo colonizado por una fragilidad de porcelana, cuyas fisuras asomaban a las puertas de sobrepasar el punto de ruptura. Sus movimientos parecían calculados, sustentados en una energía no renovable que los hacía tan preciados como irrepetibles. En uno de esos gestos finitos ella le sostuvo la mano con determinación y firmeza, como el obrero que apuntala un tejado en ruinas mientras su propia vida pende de la certeza de la maniobra. Él, a la par, buscaba con la mirada el camino entre sus pupilas con la intención de asaltar por sorpresa los recodos de su mente que jerarquizaban sus emociones. Y todo para cambiarle su equilibrio de fuerzas y deshacer el lazo que les ataba, deshilachándolo hebra a hebra, hasta enredarla de nuevo entre los vivos. Cerca de las llamas candentes, lejos del humo que se evapora para siempre. Pero ella, impenetrable, no tiene esa intención. Ha decidido que si a él se le consume el aliento, ella también abandona la carrera en esa parada. Porqué más le vale una derrota compartida ante el destino que un triunfo en soledad.

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Reciclaje 2.0 en Palma City

Lo sé. La vida a veces pone ante ti señales inequívocas de que hay algo más allá, aunque esté en este mundo. El destino ha querido que cambiara precisamente hoy mis hábitos y modificara la ruta que acostumbro a seguir camino al trabajo para toparme con algo que me ha quebrado el habla de cuajo...


Foto tomada con Samsung My Touch

Lo que para muchos hubiera sido una simple caja de galletas de mantequilla danesas, para mi supuso una revelación formidable: comprender lo extraordinaria que podía llegar a ser la mente humana. Sólo me queda por comprobar qué galleta le ha tocado a cada vecino para poder acceder a su plaza de garaje.

Sin pensármelo un barquillo, he corrido ipso facto a inscribirme bajo seudónimo -Tomeu Quely- en la próxima reunión de vecinos de tan dulce comunidad. Parece ser que los botones del ascensor son Ferreros Rocher y los buzones son de Xixona.

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miércoles, 12 de agosto de 2009

Pavernosmatao

Muy curiosa la imagen captada por el bueno de BlackJack en Cosas Que Pasan. Podríamos decir que se trata de una pintada-graffiti-denuncia perpetrada por una supuesta dama a un supuesto caballero. Para vuestra información, la acción discurre en Palma Sity.


¡Pavernosmatao!

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lunes, 8 de junio de 2009

Fotografía a flor de piel

A los que os interesa la fotografía y su versión más creativa os recomiendo que echéis un vistazo a la web profesional del fotógrafo mallorquín y amigo Javier Izquierdo.

Me gusta especialmente la serie Francisca Femenias. Death after life. Sin pelos en el objetivo. Pasen y sientan.

Cita postuaria: "La fotografía es verdad. Y el cine es una verdad 24 veces por segundo". (Jean Luc Goddard)






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domingo, 3 de mayo de 2009

Un ser civilizado anda suelto en la ciudad

Este sábado me pasó un hecho insólito. O casi. Me encontraba efectuando unas compras en un puesto callejero de muy buena reputación (las semillas que allí había sólo tenían fines decorativos y aromáticos) y justo cuando me disponía a saldar mi deuda, un extraño me sujetó suavemente del brazo. Lo primero que pensé en ese momento, mientras mi cara esbozaba una impostora sonrisa cortés como mecanismo automático con el que ponerme en guardia, es que estaba ante el principio de un conflicto sin saber muy bien por qué. Como no reconocía al sujeto, interpreté su maniobra como un claro signo de hostilidad. Menos mal que mi instinto asesino se encontraba de baja por estrés y contuve mi lengua, ansiosa por deletrear un "¡qué te pasa!" muy poco apropiado. Hasta para mí. Sin tiempo para concentrarme en tal propósito, el individuo alargó su brazo y se puso a señalar con su dedo índice en dirección a mis pies. "Ese billete de 20 euros se te acaba de caer", dijo literalmente. Y allí estaba ese dinero entre mis pezuñas.

El tipo, que debía rozar los cuarenta San Fermines y vestía de sport (seguro que encontraremos a alguien a quien le interese este dato) se dio la media vuelta y comenzó a caminar con la serenidad del que acaba de cumplir con una de las tareas, que un día sus padres le pusieron de por vida. Antes de que se alejara le dí las gracias, al tiempo que brotaba incontrolable de mi garganta la siguiente expresión: "Ya no quedan personas así". La dependienta del negocio, al oír mi sentencia más casposa que responsable, soltó un "ya lo puedes decir porque como están las cosas, 20 euros son 20 euros". Y lo vi claro. Debía insistir en mi agradecimiento y así lo hice. Miré en la dirección en la que había tomado distancia y lo encontré sentado en su vehículo con la ventanilla bajada, a punto de iniciar la marcha. Levanté mi brazo y le grité "muchas gracias" a lo que respondió sobriamente "de nada", sin sonrisas gratuitas y deseando poner fin a más reconocimientos.

Con el pifostio social y económico que tenemos montado últimamente por aquí en el primer mundo -en los otros ya hace tiempo que esto no es noticia-, que un pavo que no conoces de nada (probablemente a algunos os vendrá a la mente alguna de vuestras ex parejas) tenga este gesto de civismo, me deja esperanzado. Lástima que yo no haya estado a la altura de los acontecimientos para rematar la faena llevándome las dos orejas y el rabo -en este último punto soy más conformista-. En un mundo tan económico y financiero como el nuestro (he obviado "depresivo" porque se presupone que es así) haberle compensado con una comisión del 10% del botín recuperado hubiera sido más que apropiado, teniendo en cuenta las leyes del mercado vigentes (ya sabéis: oferta, demanda o "¡mira un tordo!, mientras te birlo el fajo gordo"). Siguiendo sus designios, me vi beneficiado por los eficaces servicios de un ciudadano profesional al que su buen hacer no le reportó rédito alguno. Para dar carpetazo al asunto me amparé en que quizá la recompensa personal del deber bien hecho haya colmado sus aspiraciones. Con esta fenomenal excusa de andar por casa aquí lo dejo.

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viernes, 10 de abril de 2009

Un lifting para Hache se escribe con Hache

Pues así es. Los más asiduos a este blog (sé que abuso del plural pero mis influencias maternas me obligan a ver siempre la botella medio llena) habréis comprobado como he incluido una serie de cambios en las últimas semanas, en la barra lateral derecha. Para los más perezosos, a continuación os resumo las novedades por orden descendente de aparición:

  • Accesibilidad: pinchando en cada una de las "aes" el tamaño del texto se va incrementando para facilitar la navegación a todas aquellas personas con deficiencias visuales.
  • El tiempo en Palma: se trata de un plug-in en el que podréis ver el pronóstico del tiempo en Palma de Mallorca para los próximos tres días, incluyendo el día de hoy. Muy útil para... bueno, muy útil para todo.
  • Cartelera de Cine: os he incluido tres links. En el primero accedéis a la cartelera de películas que los cines de Baleares están ofreciendo a día de hoy. Bajo el título "Estrenos" podréis consultar las últimas novedades. En "Directorio de películas" encontraréis información de cada filme (estoy de un bilingüe que ya quisiera para si Carmen Electra) agrupados por género, director o actores.
  • Artículos en PocoMás Magazine: Disponéis de un gadget en el que aparecen listados todos los artículos que he publicado en PocoMás Magazine hasta la fecha.
  • Citas: he incorporado un complemento en el que cada día aparece una cita o frase célebre sobre de algún personaje histórico o conocido.
Un poco de M-Clan nunca viene mal para estos días de recogimiento y reflexión...

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martes, 7 de abril de 2009

"El ascensor" de PocoMás Magazine

Ha llegado la primavera y el mes de abril, he vuelto a las andadas. La gente de PocoMás Magazine, en el marco de su obra social, han decidido reiterar su confianza en un servidor (dudoso término éste) y me han encargado la página mensual que tanto os reconforta, especialmente cuando envolvéis en ella vuestro sándwich de mortadela con el que alimentáis vuestro desgana laboral. Es hora de que me deje de historias y os reproduzca el contenido en cuestión titulado:

El ascensor

Todo sucedió en un día cualquiera del pasado mes de marzo. Lugar: el ascensor de un conocido centro comercial; hora: la del té (17.00h). Aprieto el botón de llamada mientras permanezco en solitario a la espera de su llegada. Siempre procuro dejar una distancia prudencial con respecto a la puerta, no tanto por si tiene que bajarse alguien que también, sino por si algún descerebrado macho o hembra carente de civismo decide de motu proprio que es y será siempre el primero allá donde vaya. Y a los demás que nos vayan dando, a poder ser por varias cavidades y en cantidades industriales. Pero esta vez tuve suerte. Ningún gilipollas había aprovechado mi generosidad para adelantarme de forma sorpresiva (he sustituido “sorprendente” porque parece ser que utilizar este adverbio está penado). Sin embargo, justo cuando me las prometía muy felices y hacer el trayecto en solitario, me vi rodeado por una familia casi al completo. Sólo faltaba la madre -pensó mi intelecto más ortodoxo-, o el otro padre –apuntó mi trocito de hombre moderno- o la madre de alquiler –se atrevió a sugerir mi hemisferio más científico y reducido-, y ahí lo dejé para no exprimir en exceso a mis neuronas. Faltaban muchas horas para ponerme en stand by y no debía sobresaturar el sistema...

Recompongamos el escenario. Por un lado tenemos una figura masculina de unos cuarenta abriles que a la altura de sus manos se encuentra rodeado por tres niñas encantadoras, ataviadas con la indumentaria escolar oficial. En estos casos siempre peco de moderado y un “vestidas como Dios manda” no estaría de más. A golpe de rabillo del ojo, analicé a ese ejemplo de familia española de clase media alta. Sus ropajes y los modales de las herederas ponían de manifiesto que cuando alguien se preocupa por la educación de los suyos, pueden pasar varias cosas y entre ellas está que se consigan tales propósitos. Otra diferente es que el progenitor descuide la suya y se convierta en un imbécil estándar, rompiendo el manido refrán “de tal palo tal astilla” para buenaventura de su descendencia. Pues bien, este último era el caso del pájaro en cuestión.

El marqués de La Prepotence se posó en el montacargas y a mi saludo de “hola” ni se inmutó lo más mínimo. La mayor de su estirpe, una princesita encantadora, hizo ademán de separar los labios pero viró repentinamente la cabeza en un gesto brusco frenando en seco cualquier señal de civismo expreso, para no ser reprendida por papá tordo. A todo esto volví a repetir “hola” –como espécimen humano procuro tropezar con la misma piedra todo lo necesario- esperando romper la barrera del miedo de la joven heredera. Al tiempo que no obtuve respuesta redimí de toda responsabilidad al trío de damas. Por el contrario toda mi ira –un cuarto de kilo a lo sumo- recayó en el basto de la baraja. Es sorprendente que un tipo que aparenta haber sido compañero de pupitre de Los Albertos, hecho hombre según los principios del gurú del marketing familiar Don Escrivá de Balaguer (autor de campañas como “Un coito, un hijo” o “Donde pongo el ojo, hay negocio”, entre otras) y haber pasado por las más crueles novatadas del colegio mayor del tipo “ducha de Moët & Chandon”, “todo un día vestido con vaqueros Lee” o “ser fotografiado repostando sin la ayuda del gasolinero”, no sepa desenvolverse socialmente en un ascensor. Invadido por mi espíritu redentor materno, pude ver la luz... la de la tercera planta para ser más exactos. Cuando se abrieron las puertas, el virrey dio la orden a las meninas para que iniciaran la marcha. Las tres miraron de reojo, y pude intuir su demostración de que a pesar del padre que las parió (para que luego digan que no soy un activista en por la igualdad de género) habían aprendido lo correcto en la guardería, que no era otra cosa que saludar cuando se entra o sale de un sitio. Y así lo hicieron, pero en silencio y con un golpe de ojos a lo Margaret Astor para no dejar evidencias. Entiendo el trauma que puede suponer para un niño que le priven de su partida a la Nintendo DS por saltarse las reglas. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Jamás consentiría que un infante antepusiera el corresponderme cortésmente a cambio de prescindir de su dedicación amistosa con su videoconsola de confianza. Segundos después se cerraron las puertas. Para olvidar el desplante decidí adoptar medidas ejemplares. Subí hasta la sección “Imagen y Sonido” y dejé que mi tarjeta de cliente le contara las penas a la caja registradora. Fue todo un acto de generosidad por su parte del que siempre le estaré agradecido.

Para prevenir el aburrimiento espontáneo aquí os dejo una canción de fácil digestión para compensar vuestra solidaridad.

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viernes, 6 de marzo de 2009

"Una tarde de cine" en PocoMás Magazine

Aquí os dejo mi última perla -sin cultivar, eso sí- que he cedido a los amigos de PocoMás Magazine para sus páginas de este mes de marzo. He titulado la columna "Una tarde de cine", y va dirigida a todos aquellos apasionados del séptimo arte y sus maravillas adyacentes. Para los más perezosos con el ratón, seguidamente tenéis disponible el artículo.




Una tarde de cine

Qué bonito es el cine, ¿verdad? ¿Y de los Oscars qué me decís? Qué emocionante es ver a los premiados recoger su estatuilla. Que se lo merezcan o no es lo de menos, y si no que se lo digan a sus familias y a su patrimonio, en orden inverso eso sí. Dicho lo cual, a partir de aquí me arremango. Pues para que esos héroes de película lleguen hasta la alfombra roja (yo soy más de moqueta), a poder ser sin tropezar, el resto de mortales que vivimos en el sótano del sistema y que lo más rojo que tenemos son los dígitos de la cuenta corriente, hemos tenido que ir peregrinando de sala en sala sorteando bodrios estratosféricos con propiedades narcóticas sin más antídoto que el sueño, hasta dar con una película de la que poder recordar por lo menos el título. Precisamente de mi última odisea en un cine quería hablaros.

Antes de ejecutar la operación ‘una tarde en el cine’, tuve que diseñar un plan preciso y certero. Consulté la cartelera y me encomendé a un método infalible: lancé diez céntimos al aire (la cosa no está para excesos) y el azar y la falta de liquidez de la banca decidieron que el destino de mi subvención debía recaer en Benjamin Button, la más bella historia de amor jamás contada por el guionista de turno, por lo menos en 2008. Con el objetivo identificado, el siguiente paso consistía en elegir el equipamiento y la localización en la que se llevaría a término la misión. En base a criterios de proximidad y logísticos –aparcamiento y comodidad del recinto en cada sesión- me puse en marcha en dirección al cine escogido al que llegué en pocos minutos. Adquirir la entrada, hacerme con provisiones y tomar posiciones serían los pasos a seguir. Nada más entrar en el edificio miré a ambos lados localizando mis próximos destinos. Sigilosamente pero con firmeza me situé en la fila de la taquilla. Fiel a las enseñanzas de El sargento de hierro fijé mi posición guardando en todo momento contacto visual con el enemigo. Llegó mi turno cuando una impostora de unos cincuenta y tantos, agente doble con toda seguridad, haciéndose la despistada mientras contemplaba el tablón de precios hizo un quiebro y violando mi perímetro, me arrebató la posición. Quise localizar entre mis pertenencias la dosis de pentotal sódico apropiada para estos casos, pero ya era tarde. Mis venas cobraron un volumen stallone justo cuando me tocó el turno. La dependienta batió el récord del mundo de recorte de entrada y vuelta de cambio. Supo al mirarme que, de haberlo necesitado, no hubiera dejado rehenes.

Dirigí mis pasos hacia el punto de avituallamiento: la tienda de golosinas. Todos tenemos nuestro punto dulzón, y si no que se lo digan a Clint Eastwood que dejó el cuerpo de Harry para recorrer Los puentes de Madison. Divisé las piezas y busqué el mejor ángulo de visión para capturar mis presas. Dos codazos, una zancadilla y una maniobra acústica de despiste después (lanzan un “¡oye!” a tu lado y mientras tratas de averiguar si tú eres el destinatario, te ventilan el último kojak del expositor), me vi abocado a ceder unos metros. Cambié de estrategia y tomé la delantera en el stand de las palomitas. Vaya suerte la mía. A cambio de mi puntualidad recibí los desechos de la última tanda. Solo me hubiera faltado oír a Briatore gritándome “bravo Hache, bravíssimo” por haber conseguido la pole-popcorn. Al tiempo que recogía los restos de mi dignidad esparcidos por el mostrador, pude presenciar como el charlie que me seguía recibió unos copos de maíz recién salidos de la máquina y más crujientes que los abanderado de Torrente. Quise olvidar todos los contratiempos y enfilé la puerta de la sala. Entré bien posicionado, divisé la mejor ubicación para mi centro de operaciones y levanté mi campamento. Habría más de doscientas butacas, de las que sólo llegaron a ocuparse una treintena. Ducho en las tácticas de guerrilla del entrañable John Rambo, acoté mi territorio colocando mi anorak en el asiento de al lado. Convencido de mi éxito, sabedor de que tan sólo había una de cada cinco plazas ocupada, me dispuse a contemplar el paisaje alimentándome a base de regaliz. En esto veo aparecer a los de ‘el club de todos los jueves, cine’. Miro a izquierda y derecha, arriba y abajo y suspiro tranquilo: es imposible que quieran rebasar mi frontera. ¡Tate! El portavoz de la cuadrilla se dirige a mí: “¿Te importa? –señalando mi chaqueta-; es que somos tropecientos, justo el número de butacas libres en esta fila”. No respondí. Me limité a ceder parte de mi espacio vital mientras blasfemaba en arameo clásico y en dual. Era mi día de suerte. Vistos los precedentes, la cosa pintaba bien. Después de todo era imposible que la película no mejorara lo presente. Durante casi tres horas tuve que soportar miles de ruidos palomiteros, conversaciones con volumen para sordos, parejas de sin techo entregadas a Cupido y tipos con el intelecto desbordado tratando de entender la juventud anciana de Pitt. Eso fue todo. Una maravillosa tarde de cine.

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martes, 24 de febrero de 2009

España no va bien... va muy bien

Hace días BlackJack nos acercaba al fantástico y enriquecedor mundo de la cultura juvenil. Reproduzco textualmente:

Oído a dos chicas de unos veintitantos el otro día mientras esperaba en Hospital de Día para ponerme la medicación:
  • ¿Sabes que ya me he graduado en E.S.O.?
  • Me alegro, tía. ¿Y que es "eso" en lo que te has graduado?
Hoy puedo aportar mi granito de arena a semejante derroche de talento. A continuación os reproduzco fielmente una conversación de bar entre tres individuos no identificados que rondan la treintena. Para que os hagáis una composición de lugar, dos de ellos se encuentran sentados tomando un café cuando aparece el tercer hombre:
  • ¿Qué pasa tío? -dice el recién llegado dirigiéndose a uno de los dos individuos mientras apoyaba la mano en su hombro-. A ti no te digo nada porque no me apetece -añadió en tono chistoso dirigiéndose al otro tipo en discordia, de nacionalidad colombiana-.
  • El sentimiento es recíproco -respondió el colombiano-.
  • Oye, a mi no me vengas con "colombianadas" y háblame en cristiano -concluyó el gachón-.

Lo dejo ahí, para que podáis captar este prodigio de la dialéctica moderna.


Cita postuaria: "Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda". (Martin Luther King, 1929-1968)

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martes, 3 de febrero de 2009

Rescue me

Hace unos días vino a verme alguien a mi trabajo. Un compañero me alertó de que me estaba buscando un tal Walter (nombre ficticio) que, según decía, aseguraba conocerme. Le cité para unos minutos más tarde, justo después de cumplir con unos asuntos profesionales ineludibles. Antes de finalizar mis obligaciones ví pasar a un tipo desconocido pero familiar a la vez. Conseguí recordar quién era poco después. Varios años atrás se me presentó en la oficina. Era un tipo de mi quinta, de origen sudamericano y empeñado en buscarse un hueco en nuestra jungla profesional. Me dijo que era "un apasionado del deporte" y que estaba convencido de que "podía aprender rápido y hacer carrera en la formación de los más jóvenes". Se expresaba con enorme educación, a veces excesiva, y siempre finalizaba sus frases con una sonrisa en los labios. Después de aquella primera toma de contacto le perdí la pista.

Ahora, años más tarde, su aspecto apenas ha variado. Su comportamiento sigue siendo exquisito. Venía a ofrecer sus servicios, esta vez con más premura. Durante todo este tiempo había trabajado de todo: mozo de almacén, camarero, repartidor, organizador de eventos... Mientras ocupaba todos aquellos puestos de trabajo su ilusión se mantuvo intacta. Aparenta ser un tipo de convicciones firmes. Aquella ilusión era el motor que le empujaba a buscar su lugar en el deporte profesional, de la misma forma que otros muchos lo intentaron con éxito antes que él. O no. Walter siempre te cede la palabra y pide perdón antes de ofender, para cobrar ventaja por si llegado el momento le traicionaran sus impulsos. "Si no es mucha molestia" o "si te parece bien" son sus encabezamientos de frase predilectos. Quedamos en vernos nuevamente para que me deje su currículum y yo pueda facilitarle un par de contactos con los que llamar a algunas puertas. Posiblemente ya no haya nadie tras esos umbrales. Muchos no abrirán a su llamada por traspaso. Razonable. Otros no lo harán por hijos de puta. Miserable. Que le escuchen es importante para la autoestima de Walter. Lástima que no sea suficiente.

Hoy, puntual como las rodillas ovales de Lewinsky muchas felaciones atrás, ha acudido a nuestra cita. Ha sido breve. Parecía no querer abusar, increiblemente discreto a pesar de su deseperada situación. Desde mi atril privilegiado, mientras nos despedíamos le he deseado mucha suerte y que no dude en buscarme si me necesita. Después me he ido a casa a comer caliente. "La vida sigue", me he dicho. "Sobre todo la mía", me he corregido después. Walter tiene ganas de buscarse la suya con dignidad. Walter hoy es Walter. Mañana yo puedo ser Walter, y pasado él puede estar en mi lugar. Porque con trabajo la suerte llega... Pero para eso siempre necesitas que alguien confíe en ti y que ningún malnacido quiera utilizarte de felpudo o sacudirte con el mismo desprecio con el que lo hace con su prepucio tras miccionar -por que estos no mean, contaminan-. Es una estupidez olvidarse de que hoy en día hay Walters a toneladas. Una cosa es pensar que vamos a salvar el culo de todos aquellos con problemas que se topen con nosotros, y otra muy diferente es escudarse en un "lo siento pero yo no puedo hacer nada; la vida es así", para escurrir el bulto antes de entonar un "tonto el último" introspectivo, pero con dos bemoles.

Se despide, Héctor... o Walter, vosotros sabréis.

Cita postuaria: "La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo". (Eduardo Galeano)

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martes, 20 de enero de 2009

También en 2009, PocoMás Magazine

Hace días que está en circulación en la isla el primer número de 2009 de PocoMás Magazine. Como ya sabéis, en ella podréis encontrar entre otras muchas y variadas cosas, una columna de opinión firmada por mi -más de uno (dos) duda de la autoría- que este mes he titulado "Hay más fantasmas que sábanas" y en la que recupero el contenido de una entrada que publiqué en este blog hace semanas. Meses atrás despedí a mi gurú de las letras, mi speechwriter (no pude tolerar que lo expulsaran de la guardería). Ahora, sólo ante el teclado, sabréis lo que es bueno.

Cita postuaria: "No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." (Oscar Wilde, 1854-1900)

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miércoles, 24 de diciembre de 2008

Un día de furia...

Todo empezó así. Tenía que hacerme unas analíticas y perdí el volante. Era mi primer día libre y a las 08.00h ya estaba en el hospital para solicitar una copia. Me dicen que ha entrado un nuevo sistema y ya no es suficente con entregar el papel el mismo día que decida ir a que me pinchen. Ahora se debe pedir hora por teléfono. La cosa se enchunguece. Consultamos la lista de espera y bingo: no hay hora hasta dentro de dos semanas. Eso sí, para adelantar puedo hacérmelos en otro centro. Eso es bueno, me digo. La parte mala viene ahora: no llegaré a tiempo porque cierran a las 08.30 y son y veinte. Me encanta que los planes salgan bien.

Por sugerencia paterna, llamo para pedir hora para el día siguiente en mi centro de salud y me dicen que ellos no reservan telefónicamente y que hay que ir en persona. Eso sí, los céntimos de euro que me han soplado por llamar al 902 sin que me aclaren nada, volaron. Hoy es mi día, me digo. Vista la conjura de los astros, me voy en persona una hora más tarde para cerrar in situ el asunto. Al llegar allí me atiende un señorita tan amable como desinformada. Me dice que no hace falta reservar día, puesto que basta presentarse a las 08.00 hora zulú -hay que ponerse riguroso en estos casos- y me lo harán al momento. Más o menos como el DNI pero con 14 horas de espera menos, se supone. Le pregunto si mañana va bien y me responde que "claro".

Ya es mañana. Aunque estoy de vacaciones, me levanto a las 07.00 hora de mier--. Bajo a poner un par de calles y a las 07.40h estoy en la puerta del centro. Una pareja de ancianos guarda el turno en la entrada resguardados del frío en un portal de 2x2, ideal para jóvenes emancipados. Están solos y me acerco a ellos para preguntarles esa información, vistos los precedentes. Regreso al coche que se encuentra a escasos 15 metros de allí. Aguardo en él hasta que se hacen las 07.55h y allí no aparecía ni el sereno. Me entretengo osbservando los movimientos de un par de prostitutas y sus chulos. Siempre ha habido clases. Ellas callejeando con una bufanda por falda con una rasca que cortaría los labios a un oso polar y los fulanos resguardados en el interior de un cajero automático. Ni un nirvi, diría l'amo en Pep.

Salgo del auto -en ese barrio ya se denomina así- y me dirijo optimista hacia mi centro de salud. No se incrementó la cola y prontito estaré en mi cama intentando conciliar el sueño que me birló el Estado hace unas horas -por si hay algún iluminado, repito que estoy de vacaciones-. Durante décimas de segundo estudio emprender acciones legales (está tan de moda que seguro que yo también puedo, ¿no?). Le pregunto a la pareja de ancianos si están esperando para unas analíticas (de unos años a esta parte la gente te mira con cara de asco si pronuncias la palabra "análisis" y ya veo bastantes getas de esas a diario como para no descansar en vacaciones -y van tres-). El señor, de esos a los que regalarías un abrazo entrañable, escucha y le transmite la respuesta por telepatía a su señora, que hace las veces de portavoz: "No hijo, hoy no hassen análissí. Llama y pregúntalo pero veraj que eh azín". Llamo y me abren al momento. Sale una señora que me mira con cara de ser demasiado pronto (las 07.58h) y le pregunto ahorrando todas las palabras que me permite mi escasa lucidez a esas horas: "Hoy se hacen analíticas, ¿verdad?". Y la respuesta es clara: "No, hoy no, no ves que lo pone ahí", y me señala un folio en el que se indica que hasta el 29 nasti de plasti. Yo, con un cabreo propio de "la Patiño" -agradezco este recurso a algunas de las mujeres de mi vida- le digo que ayer una compañera suya, sentada en el mostrador situado a mi lado, me dijo que "mañana mismo" -por hoy- podía hacerme los análisis, perdón, las analíticas -seguro que esto es cosa de Ibarretxe-. "Pues eso no puede ser porque ahí lo pone bien claro", y me vuelve a señalar el documento del delito que, perfectamente camuflado, podría haber pasado por un elemento más del decorado navideño del centro de salud. A todo esto, oigo una voz que sale de una habitación contigua: "Oye chaval, que aquí no puedes estar, ¿eh?". Lo que me faltaba. Un friki con porra que añora a Charles Bronson y tiene ganas de que le adelante algún presente antes de la Noche Buena. Falsa alarma. El propietario de esa voz, y de un cuerpo que ni en los mataderos de Jabugo, era un antiguo compañero de equipo con el que jugué en el Recreativo La Victoria. Por la gracia del espíritu navideño y mi falta de reflejos matinales, el destino puso el freno de mano y no quiso recrearse en su mala baba conmigo. El armario ropero al que iba a prometer un par de budspencers era de los míos y para lástima de mi cirujano maxilofacial, todo quedaría en un conato de envalentonada revenido a compadreo algo pastelón, por mi parte. Ya se sabe que los cambios bruscos de estado de ánimo, no me acaban de gustar, y del "pásame el teléfono de tu compañera que le voy a decir cuatro cositas" a la sujeto A, al "qué tiempos aquellos cuando tu tenías más pelo y mucho menos bíceps", hay un Palma-Cabrera-Palma a nado.

Lo dicho. Feliz Navidad y todo lo que le sigue. Sed felices, aunque los demás se empeñen en sabotearos el plan.

Cita postuaria: "Cuando la madre de Guillermo Jesús, de 7 años, le dijo que iba a llevarle al médico para que le sacara sangre, éste le contestó: 'Vale, pero sólo si después me la devuelven' (Extraido del libro Frases Célebres de Niños de El Hormiguero)

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jueves, 11 de diciembre de 2008

Quién no ha tenido alguna vez la espalda mojada...

















"Espaldas mojadas" es el título de una canción que el grupo Tam Tam Go lanzó a principios de los 90. Como bien sabéis, este término se utiliza en concreto para describir a los inmigrantes centro y sudamericanos que deciden emprender el viaje con lo puesto hacia el dorado de los EE UU, tirando a mate cada vez más. El uso de esta definición se ha ido generalizando, a la par que lo ha hecho la inmigración, y actualmente nos podría servir incluso para referirnos a todos esos movimientos en cualquiera de los continentes. Os cuento todo esto -aquí concluye el permiso para bostezar- porque me he sentido en la obligación de bucear en mi pasado familiar para rendir un humilde tributo a toda esa legión camareros argentinos, albañiles senegaleses, teleoperadores peruanos, repartidores ecuatorianos, jardineros rumanos... con los que nos cruzamos a diario en nuestras vidas. Si su papel en nuestra economía moderna ha sido clave según los expertos, parte de nuestro bienestar -aunque ahora ande maltrecho- debe entenderse gracias a su colaboración.

Por ello, apuesto por un ejercicio que creo que deberíamos de hacer todos como es profundizar en nuestras raices, a saber: mis bisabuelos eran mallorquines (5), gallegos (2) y andaluces (1). Sus hijos nacieron en Mallorca (2) y en Cuba (2). Precisamente de este último caso quiero hablaros. Los padres de mi abuelo José Adán, desde Carballino (Galicia), y los de mi abuela Margot Ignacio (desde Mallorca) emigraron a La Habana para sobrevivir a la miseria que recorría España de cabo a rabo, en el primer cuarto del siglo XX. Lo curioso del asunto es que ambas familias nunca coincidieron en Cuba mientras se dedicaban a actividades económicas diferentes, que en los dos casos les permitió gozar de una situación económica privilegiada, ni de lejos parecida a lo que habían dejado atrás. Es curioso el caso de la familia Ignacio, decicada al mundo de la escultura y la restauración arquitectónica, aunque de eso ya hablaremos otro día.

En resumidas cuentas, mis antepasados cercanos fueron inmigrantes en tierra próspera, extranjeros sin papeles, con la humildad, el esfuerzo y su educación como único patrimonio con el que desembarcar en Las Américas. Estoy convencido de que si ellos estuvieran aún entre nosotros y convivieran a nuestro lado con el fenómeno actual de la inmigración, no dudarían ni un instante en sacarnos los colores cuando alegremente, y perdiendo la perspectiva de cómo hemos llegado a ser lo que somos, tuvieramos la tentación de dirigirmos con cierto desprecio a alguno de esos inmigrantes que salieron de un continente, que un siglo atrás recibió la huida a la desesperada de muchos de nuestros antepasados que trataban de olvidar qué se siente cuando se padece hambre. Tal vez sea el momento de devolver algún favor pediente...

Os adjunto una serie de fotografías de aquella época (algunas no están en muy buen estado) que acreditan lo que os he contado en estas líneas.

Cita postuaria: "La ingratitud proviene, tal vez, de la imposibilidad de pagar." (Balzac)

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jueves, 27 de noviembre de 2008

Hay más fantasmas que sábanas...

A veces empezamos o acabamos los días de mejor o peor manera dependiendo de algún pequeño detalle o anécdota, que a pesar de su escasa importancia puede inclinar la balanza de uno u otro lado. A mí no me miréis; esto está montado así e igual que la imbecilidad, ocurre sin avisar y no hay que darle más vueltas. Precisamente os voy a hablar de un candidato al gilipuertas de oro de la academia.

Situaros. Entro en uno de los bares a los que acudo habitualmente -este dato quizás no sea muy preciso pero sólo hago que imitar a nuestros referentes actuales-. Antes de llegar a la barra ya tengo mi café servido sin articular palabra, y de propina me cae una sonrisa de cortesía del camarero que ciertamente no le daría para ganar el premio profident del día. Tomo asiento y cojo el primer periódico que diviso al alcance de mi mano, asegurándome de que para apropiarme de él no necesito ayudarme de mi codo. Es media tarde, no tengo ganas de guerra y me da mucha más pereza tener que firmar la paz. A tiro de estornudo se encuentra una pareja de tipos que no reconozco, a pesar de que por el volumen de su conversación diría que están ansiosos por que entremos en la misma. La cosa sigue tal que así:

-Pues no sé que hacer, tío. Creo que le diré que me marcho el 'finde' con los colegas sin más. Hace tiempo que lo tenemos planificado -dice el sujeto paciente-.

-Lo que tienes que hacer -mal asunto cuando empezamos así- es decirle: "Mira tía, el viernes me las piro y hasta el domingo no estaré disponible" -suelta el sujeto impaciente al que sólo le podía reprochar que no hiciera el gesto de retorcer el pescuezo de un palomo con sus manos.

Viendo los derroteros por los que parecía encaminarse la conversación privada convertida en mitin verdulero, decidí abstraerme. Y lo logré, aunque fuera por espacio un par de segundos. Entonces, el macho de la especie ibérica, dados los salchichones que hubiera dado de sí después de un buen San Martín, se decolgó con una reflexión digna de un memo condecorado con honores.


-A las tías hay que marcarles el terreno desde el principio. ¿Sabes lo que hago yo? -observé como se nos contagiaban las arcadas al resto de clientes afectados por la onda expansiva producida por ese prodigio de la era cromañón-. Yo se lo digo muy clarito: esto es lo que hay y si no te gusta tiene dos trabajos, mosquearte y des... 'loquesea'- lanzó el tigre salvaje al que la selva se le queda pequeña cuando se pone a marcarla con su orina.

A todo esto, y ayudado de un esponjoso croissant para amortiguar las galletas verbales de su amigo y apuñalador a tiempo parcial, el sujeto paciente (hasta la médula) no articulaba palabra. Y hacía lo correcto. Cuando intentas interceder por alguién cuyo coeficiente intelectual se le va entregando a plazos, lo más probable es que quedarse en silencio te haga salir victorioso. La ley del mínimo esfuerzo, chatín.

Entre bocado dulce y sorbo amargo, el Atila de las relaciones personales seguía erre que erre con su teoría de la gravedad: -Oye, que si se enfada no es nada grave, ¿eh?- argumentaba el valiente capullo... en flor silvestre. -Yo siempre digo una cosa: hay más mujeres que longanizas. Eso no es problema- concluyó el obama de la vida en pareja.

En los instantes siguientes logré alejarme de los briconsejos del gurú del amor en primera persona. Mientras navegaba sin rumbo entre las páginas del Marca -a ciertas horas mis facultades limitadas me impiden completar los sudokus del Wall Street Journal- una voz femenina se fue apoderando del ambiente. Giro mi cabeza en dirección a los pili y mili y observo como una chica de la misma edad se sienta en su mesa. Acto seguido, terminator toma las riendas de la conversación y lejos de coger el toro por los cuernos pregunta con voz dulce cual ventrílocuo:

-Dime cari, ¿qué quieres que hagamos esta noche?. La próxima vez me toca escoger a mí, ¿vale?-.

Yo no daba crédito. Chuck Norris le cedía el mando de la operación a Miss Rehén 2008. Si es que ya se sabe, "dime de qué presumes... y te diré que coche tienes".

Cita postuaria: "El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo" (Goethe)

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miércoles, 26 de noviembre de 2008

"Café y Más" es mi recomendación de la semana

Café y más es un blog muy interesante obra del palmesano Jesús Cortés. En él encontrarás multitud de sugerencias gastronómicas que nos ofrece la isla, acompañadas de fotografías de los diferentes menús degustados y la correspondiente valoración del servicio que ofrece cada cafetería, con sus pros y sus contras. Es muy útil para ir variando los lugares habituales en los que disfrutamos de nuestra vida social. Elegir qué tomar, a qué hora y dónde es una de sus múltiples utilidades.


Es el momento de no entreteneros más, y dejar que visitéis esta curiosa y sugerente bitácora. Os gustará.

Cita postuaria: "Los ingleses inventaron la sobremesa para olvidar la comida." (Pierre Daninos)

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