jueves, 29 de abril de 2010
La montaña y la ética
lunes, 8 de junio de 2009
Fotografía a flor de piel
Me gusta especialmente la serie Francisca Femenias. Death after life. Sin pelos en el objetivo. Pasen y sientan.
Cita postuaria: "La fotografía es verdad. Y el cine es una verdad 24 veces por segundo". (Jean Luc Goddard)
martes, 5 de mayo de 2009
A todo cerdo le llega su San Martín
A todo cerdo le llega su San Martín
Uno de los placeres más elementales del ser humano, y no por ello menos reconfortante, es tomar un café y mientras ojear la prensa. Como humanoide en vías de humanización (aunque no me aseguran la plaza) procuro tomarme en serio eso de los placeres y a ello me puse. Manda bemoles que me haya tocado empezar por éste. A lo que iba. “Señorita, un expreso por favor”, solicité pausadamente al camarero de cuyo sexo no quiero acordarme. Para adaptarme a la vida moderna siempre que pido algo a alguien sin haber reparado visualmente en su sexo, lo hago en género femenino para no herir sensibilidades. Además, con ello consigo que si es un rapaz no me conteste -lo que ya es de agradecer, acostumbrados a leer en las páginas de sucesos noticias como “Fulano pidió la hora a Mengano y éste le hizo un lifting instantáneo con los nudillos”-. Y si es una paloma tal vez aproveche el viaje para traerme junto con la carga un mensaje con la cuenta, invitándome a abrirme más pronto que tarde. Si el tiempo es oro, es todo un detalle que alguien que no sea mi psiquiatra se preocupe para que lo aproveche, sólo fuera de la consulta por supuesto. Lo cierto es que al leer la prensa uno se siente reconfortado y aprovecha para agradecer a todas sus divinidades, incluso a las inmateriales, la suerte que ha tenido por estar en ese lugar y a esa hora repasando los periódicos y no haciendo otra cosa de poca relevancia, y por tanto susceptible de ser noticia. Existe una prueba empírica que te deja el cerebro contracturado si reparas en ella. Sujeta el periódico con una mano y con la otra señala una página al azar. ¡A qué adivino lo que estás leyendo! Algo sobre una quiebra multimillonaria que manda más gente al paro que concursantes fracasados de OT padecemos, o un ingreso en prisión del cerrajero de la finca colindante con la Consejería de Altos Vuelos sin Paracaídas que también se lo ha llevado calentito, una pelea multitudinaria entre los partidarios de Blackberry y Iphone con lanzamiento de carcasas tuneadas o el agravamiento de la salud de un pollo que cree tener algo de cerdo mientras suspira para que su gatita, que se encuentra hecha unos zorros, no padezca de lo mismo. Total, una auténtica mascarada con tintes de guiñol de “pague usted uno y –por favor se lo pido- llévese la docena”.
No temáis. Ya lo decía mi profesora de música: si colocas bien los dedos no cabe fallo posible. Y así debemos hacerlo: colocarnos bien las yemas en los oídos a fin de conseguir una mejor visión. No sé si sirve de algo pero como decir sandeces está de moda, me apunto al caballo ganador. Es de agradecer (aunque no sé muy bien a quién) que existan entretenimientos como la Bruni, con su saberposar tan natural como su cutis impoluto e hidrogenado con cargo a los presupuestos de su país, y ese señor bajito que siempre le sujeta la mano como si estuvieran a punto de cruzar un paso de cebra permanente, que tengan la deferencia de visitar a unos plebeyos –en este caso sólo con “y”- como nosotros que apenas tenemos algo que aportar, y menos que decir, a esta sociedad. Lo sé. Siempre habrá algún pastor sin rebaño que me dirá que las naciones y sus economías se sustentan en el trabajo de los peones de base como tú. Venga está bien, y como yo. Una gilipuertez totalmente desmontable. Veréis. Es fácil imaginar que la visita, el cenorrio y los diferentes festejos que se calzaron nuestros dirigentes durante el G20 (a muchos nos cuesta entender el funcionamiento del punto G singular, como para entretenernos con los otros 19) o en estos últimos días a propósito de la visita del vecino dúo sacapuntas, han sido de chupa pan y moja, ¿cierto? Pues –todos conmigo- si a día de hoy hay más parados en Europa que espectadores vieron la final de la Eurocopa, y se han podido costear estas romerías sin apuros, por lo menos para ellos, convendréis conmigo que no les hacemos falta para nada. Ya veréis como el próximo grito en el marketing político será una nueva propuesta de elecciones populares. Es decir, dos docenas de políticos eligiendo entre millones de papeletas, una por ciudadano, a sus futuros gobernados y cada uno a su casa y Dios en la de todos.
Precisamente gracias a Él –y no se aceptan réplicas en este punto- al cierre de estas líneas nos consolamos con una gran noticia: uno de los enfermos a causa de la gripe porcina era dado de alta, a pesar de ser portador del virus asegurando que había reaccionado bien al tratamiento. Una información esperanzadora para un país riguroso donde los haya y muy poco dado a las chapuzas, que ofrece sistemas de diagnóstico tan eficaces como el “me quiere no me quiere”. Gracias a este procedimiento, un paciente al que se le declaró sano una noche fue llamado a filas al día siguiente desde otro hospital diferente, que esta vez había deshojado la margarita empezando por los pétalos pares. Por si las moscas, he decidido ampliar mi factura del móvil para hacer todas mis comunicaciones sociales a través de él, incluido con mi perro Inem. Sé que nunca me fallará y que, aunque no me lo diga, agradecerá que mi
aliento se aleje de su hocico por unos días.
domingo, 3 de mayo de 2009
Un ser civilizado anda suelto en la ciudad
El tipo, que debía rozar los cuarenta San Fermines y vestía de sport (seguro que encontraremos a alguien a quien le interese este dato) se dio la media vuelta y comenzó a caminar con la serenidad del que acaba de cumplir con una de las tareas, que un día sus padres le pusieron de por vida. Antes de que se alejara le dí las gracias, al tiempo que brotaba incontrolable de mi garganta la siguiente expresión: "Ya no quedan personas así". La dependienta del negocio, al oír mi sentencia más casposa que responsable, soltó un "ya lo puedes decir porque como están las cosas, 20 euros son 20 euros". Y lo vi claro. Debía insistir en mi agradecimiento y así lo hice. Miré en la dirección en la que había tomado distancia y lo encontré sentado en su vehículo con la ventanilla bajada, a punto de iniciar la marcha. Levanté mi brazo y le grité "muchas gracias" a lo que respondió sobriamente "de nada", sin sonrisas gratuitas y deseando poner fin a más reconocimientos.
Con el pifostio social y económico que tenemos montado últimamente por aquí en el primer mundo -en los otros ya hace tiempo que esto no es noticia-, que un pavo que no conoces de nada (probablemente a algunos os vendrá a la mente alguna de vuestras ex parejas) tenga este gesto de civismo, me deja esperanzado. Lástima que yo no haya estado a la altura de los acontecimientos para rematar la faena llevándome las dos orejas y el rabo -en este último punto soy más conformista-. En un mundo tan económico y financiero como el nuestro (he obviado "depresivo" porque se presupone que es así) haberle compensado con una comisión del 10% del botín recuperado hubiera sido más que apropiado, teniendo en cuenta las leyes del mercado vigentes (ya sabéis: oferta, demanda o "¡mira un tordo!, mientras te birlo el fajo gordo"). Siguiendo sus designios, me vi beneficiado por los eficaces servicios de un ciudadano profesional al que su buen hacer no le reportó rédito alguno. Para dar carpetazo al asunto me amparé en que quizá la recompensa personal del deber bien hecho haya colmado sus aspiraciones. Con esta fenomenal excusa de andar por casa aquí lo dejo.
viernes, 10 de abril de 2009
Un lifting para Hache se escribe con Hache
Pues así es. Los más asiduos a este blog (sé que abuso del plural pero mis influencias maternas me obligan a ver siempre la botella medio llena) habréis comprobado como he incluido una serie de cambios en las últimas semanas, en la barra lateral derecha. Para los más perezosos, a continuación os resumo las novedades por orden descendente de aparición:
- Accesibilidad: pinchando en cada una de las "aes" el tamaño del texto se va incrementando para facilitar la navegación a todas aquellas personas con deficiencias visuales.
- El tiempo en Palma: se trata de un plug-in en el que podréis ver el pronóstico del tiempo en Palma de Mallorca para los próximos tres días, incluyendo el día de hoy. Muy útil para... bueno, muy útil para todo.
- Cartelera de Cine: os he incluido tres links. En el primero accedéis a la cartelera de películas que los cines de Baleares están ofreciendo a día de hoy. Bajo el título "Estrenos" podréis consultar las últimas novedades. En "Directorio de películas" encontraréis información de cada filme (estoy de un bilingüe que ya quisiera para si Carmen Electra) agrupados por género, director o actores.
- Artículos en PocoMás Magazine: Disponéis de un gadget en el que aparecen listados todos los artículos que he publicado en PocoMás Magazine hasta la fecha.
- Citas: he incorporado un complemento en el que cada día aparece una cita o frase célebre sobre de algún personaje histórico o conocido.
martes, 7 de abril de 2009
"El ascensor" de PocoMás Magazine
Ha llegado la primavera y el mes de abril, he vuelto a las andadas. La gente de PocoMás Magazine, en el marco de su obra social, han decidido reiterar su confianza en un servidor (dudoso término éste) y me han encargado la página mensual que tanto os reconforta, especialmente cuando envolvéis en ella vuestro sándwich de mortadela con el que alimentáis vuestro desgana laboral. Es hora de que me deje de historias y os reproduzca el contenido en cuestión titulado:
El ascensor
Todo sucedió en un día cualquiera del pasado mes de marzo. Lugar: el ascensor de un conocido centro comercial; hora: la del té (17.00h). Aprieto el botón de llamada mientras permanezco en solitario a la espera de su llegada. Siempre procuro dejar una distancia prudencial con respecto a la puerta, no tanto por si tiene que bajarse alguien que también, sino por si algún descerebrado macho o hembra carente de civismo decide de motu proprio que es y será siempre el primero allá donde vaya. Y a los demás que nos vayan dando, a poder ser por varias cavidades y en cantidades industriales. Pero esta vez tuve suerte. Ningún gilipollas había aprovechado mi generosidad para adelantarme de forma sorpresiva (he sustituido “sorprendente” porque parece ser que utilizar este adverbio está penado). Sin embargo, justo cuando me las prometía muy felices y hacer el trayecto en solitario, me vi rodeado por una familia casi al completo. Sólo faltaba la madre -pensó mi intelecto más ortodoxo-, o el otro padre –apuntó mi trocito de hombre moderno- o la madre de alquiler –se atrevió a sugerir mi hemisferio más científico y reducido-, y ahí lo dejé para no exprimir en exceso a mis neuronas. Faltaban muchas horas para ponerme en stand by y no debía sobresaturar el sistema...
Recompongamos el escenario. Por un lado tenemos una figura masculina de unos cuarenta abriles que a la altura de sus manos se encuentra rodeado por tres niñas encantadoras, ataviadas con la indumentaria escolar oficial. En estos casos siempre peco de moderado y un “vestidas como Dios manda” no estaría de más. A golpe de rabillo del ojo, analicé a ese ejemplo de familia española de clase media alta. Sus ropajes y los modales de las herederas ponían de manifiesto que cuando alguien se preocupa por la educación de los suyos, pueden pasar varias cosas y entre ellas está que se consigan tales propósitos. Otra diferente es que el progenitor descuide la suya y se convierta en un imbécil estándar, rompiendo el manido refrán “de tal palo tal astilla” para buenaventura de su descendencia. Pues bien, este último era el caso del pájaro en cuestión.
El marqués de La Prepotence se posó en el montacargas y a mi saludo de “hola” ni se inmutó lo más mínimo. La mayor de su estirpe, una princesita encantadora, hizo ademán de separar los labios pero viró repentinamente la cabeza en un gesto brusco frenando en seco cualquier señal de civismo expreso, para no ser reprendida por papá tordo. A todo esto volví a repetir “hola” –como espécimen humano procuro tropezar con la misma piedra todo lo necesario- esperando romper la barrera del miedo de la joven heredera. Al tiempo que no obtuve respuesta redimí de toda responsabilidad al trío de damas. Por el contrario toda mi ira –un cuarto de kilo a lo sumo- recayó en el basto de la baraja. Es sorprendente que un tipo que aparenta haber sido compañero de pupitre de Los Albertos, hecho hombre según los principios del gurú del marketing familiar Don Escrivá de Balaguer (autor de campañas como “Un coito, un hijo” o “Donde pongo el ojo, hay negocio”, entre otras) y haber pasado por las más crueles novatadas del colegio mayor del tipo “ducha de Moët & Chandon”, “todo un día vestido con vaqueros Lee” o “ser fotografiado repostando sin la ayuda del gasolinero”, no sepa desenvolverse socialmente en un ascensor. Invadido por mi espíritu redentor materno, pude ver la luz... la de la tercera planta para ser más exactos. Cuando se abrieron las puertas, el virrey dio la orden a las meninas para que iniciaran la marcha. Las tres miraron de reojo, y pude intuir su demostración de que a pesar del padre que las parió (para que luego digan que no soy un activista en por la igualdad de género) habían aprendido lo correcto en la guardería, que no era otra cosa que saludar cuando se entra o sale de un sitio. Y así lo hicieron, pero en silencio y con un golpe de ojos a lo Margaret Astor para no dejar evidencias. Entiendo el trauma que puede suponer para un niño que le priven de su partida a la Nintendo DS por saltarse las reglas. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Jamás consentiría que un infante antepusiera el corresponderme cortésmente a cambio de prescindir de su dedicación amistosa con su videoconsola de confianza. Segundos después se cerraron las puertas. Para olvidar el desplante decidí adoptar medidas ejemplares. Subí hasta la sección “Imagen y Sonido” y dejé que mi tarjeta de cliente le contara las penas a la caja registradora. Fue todo un acto de generosidad por su parte del que siempre le estaré agradecido.
Para prevenir el aburrimiento espontáneo aquí os dejo una canción de fácil digestión para compensar vuestra solidaridad.
martes, 24 de marzo de 2009
Hache se escribe con Hache, el 55 mejor blog de Baleares
Aquí va una de autobombo y platillo. Hace algo más de medio año que Hache se escribe con Hache daba sus primeros pasos y hay que ver como hemos cambiado. La fortuna y los elementos -entre vosotros hay unos cuantos de cuidado- han querido que esta humilde morada se haya situado en la posición número 55 del ranking de blogs de Baleares de Alianzo, una de las listas más prestigiosas de la red. Teniendo en cuenta que a finales de 2008 esta bitácora se encontraba en el puesto 189 de dicha clasificación, podemos asegurar que el estado de salud del enfermo evoluciona favorablemente. Y la culpa de todo ello es vuestra.
Muchas gracias a todo@s.
Cita postuaria: "El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene". (Ralph Waldo Emerson, 1803-1882)
martes, 24 de febrero de 2009
España no va bien... va muy bien
Oído a dos chicas de unos veintitantos el otro día mientras esperaba en Hospital de Día para ponerme la medicación:
- ¿Sabes que ya me he graduado en E.S.O.?
- Me alegro, tía. ¿Y que es "eso" en lo que te has graduado?
- ¿Qué pasa tío? -dice el recién llegado dirigiéndose a uno de los dos individuos mientras apoyaba la mano en su hombro-. A ti no te digo nada porque no me apetece -añadió en tono chistoso dirigiéndose al otro tipo en discordia, de nacionalidad colombiana-.
- El sentimiento es recíproco -respondió el colombiano-.
- Oye, a mi no me vengas con "colombianadas" y háblame en cristiano -concluyó el gachón-.
Lo dejo ahí, para que podáis captar este prodigio de la dialéctica moderna.
Cita postuaria: "Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda". (Martin Luther King, 1929-1968)
martes, 3 de febrero de 2009
Rescue me
Hace unos días vino a verme alguien a mi trabajo. Un compañero me alertó de que me estaba buscando un tal Walter (nombre ficticio) que, según decía, aseguraba conocerme. Le cité para unos minutos más tarde, justo después de cumplir con unos asuntos profesionales ineludibles. Antes de finalizar mis obligaciones ví pasar a un tipo desconocido pero familiar a la vez. Conseguí recordar quién era poco después. Varios años atrás se me presentó en la oficina. Era un tipo de mi quinta, de origen sudamericano y empeñado en buscarse un hueco en nuestra jungla profesional. Me dijo que era "un apasionado del deporte" y que estaba convencido de que "podía aprender rápido y hacer carrera en la formación de los más jóvenes". Se expresaba con enorme educación, a veces excesiva, y siempre finalizaba sus frases con una sonrisa en los labios. Después de aquella primera toma de contacto le perdí la pista.
Ahora, años más tarde, su aspecto apenas ha variado. Su comportamiento sigue siendo exquisito. Venía a ofrecer sus servicios, esta vez con más premura. Durante todo este tiempo había trabajado de todo: mozo de almacén, camarero, repartidor, organizador de eventos... Mientras ocupaba todos aquellos puestos de trabajo su ilusión se mantuvo intacta. Aparenta ser un tipo de convicciones firmes. Aquella ilusión era el motor que le empujaba a buscar su lugar en el deporte profesional, de la misma forma que otros muchos lo intentaron con éxito antes que él. O no. Walter siempre te cede la palabra y pide perdón antes de ofender, para cobrar ventaja por si llegado el momento le traicionaran sus impulsos. "Si no es mucha molestia" o "si te parece bien" son sus encabezamientos de frase predilectos. Quedamos en vernos nuevamente para que me deje su currículum y yo pueda facilitarle un par de contactos con los que llamar a algunas puertas. Posiblemente ya no haya nadie tras esos umbrales. Muchos no abrirán a su llamada por traspaso. Razonable. Otros no lo harán por hijos de puta. Miserable. Que le escuchen es importante para la autoestima de Walter. Lástima que no sea suficiente.
Hoy, puntual como las rodillas ovales de Lewinsky muchas felaciones atrás, ha acudido a nuestra cita. Ha sido breve. Parecía no querer abusar, increiblemente discreto a pesar de su deseperada situación. Desde mi atril privilegiado, mientras nos despedíamos le he deseado mucha suerte y que no dude en buscarme si me necesita. Después me he ido a casa a comer caliente. "La vida sigue", me he dicho. "Sobre todo la mía", me he corregido después. Walter tiene ganas de buscarse la suya con dignidad. Walter hoy es Walter. Mañana yo puedo ser Walter, y pasado él puede estar en mi lugar. Porque con trabajo la suerte llega... Pero para eso siempre necesitas que alguien confíe en ti y que ningún malnacido quiera utilizarte de felpudo o sacudirte con el mismo desprecio con el que lo hace con su prepucio tras miccionar -por que estos no mean, contaminan-. Es una estupidez olvidarse de que hoy en día hay Walters a toneladas. Una cosa es pensar que vamos a salvar el culo de todos aquellos con problemas que se topen con nosotros, y otra muy diferente es escudarse en un "lo siento pero yo no puedo hacer nada; la vida es así", para escurrir el bulto antes de entonar un "tonto el último" introspectivo, pero con dos bemoles.
Se despide, Héctor... o Walter, vosotros sabréis.
Cita postuaria: "La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo". (Eduardo Galeano)
martes, 20 de enero de 2009
También en 2009, PocoMás Magazine
Hace días que está en circulación en la isla el primer número de 2009 de PocoMás Magazine. Como ya sabéis, en ella podréis encontrar entre otras muchas y variadas cosas, una columna de opinión firmada por mi -más de uno (dos) duda de la autoría- que este mes he titulado "Hay más fantasmas que sábanas" y en la que recupero el contenido de una entrada que publiqué en este blog hace semanas. Meses atrás despedí a mi gurú de las letras, mi speechwriter (no pude tolerar que lo expulsaran de la guardería). Ahora, sólo ante el teclado, sabréis lo que es bueno.
sábado, 27 de diciembre de 2008
Crisis: Sí, pero no...
Después de unos días de sordera informativa pongo la radio en su versión más formal. Atiendo a una noticia que habla del gasto que la población de Baleares en las fechas navideñas. E voilà. Los codazos, piquetes de ojos y zancadillas-cuchara que padecí en vísperas de la Noche Buena tenían su explicación económica. Resulta que los ciudadanos de las islas hemos mantenido el mismo volumen de compras que el pasado año, tirando de tarjetas y compras a crédito en cantidades industriales. Esta información que procede de la Cadena Ser, está sustentada en un estudio de la Fundación Gadeso del bueno de Toni Tarabini y gran profesional.
Despúes de la guerra de guerrillas a la que tuve que enfrentarme para pagar la prejubilaciones a los consejos de administración de algunos centros comerciales (había auténticas familias organizadas en escuadrones), ahora podría presumir de espabilado ante mi gente dándomelas de analista riguroso. En una de las docenas de sobremesas de estas fiestas se me ocurrió denunciar que la crisis parecía haberse diluido en estos días, argumentando que en mi segundo día de compras tuve que protegerme con coderas, rodilleras y un puño americano para casos de extrema emergencia (lucha fatal por el último ejemplar del regalo más buscado), si pretendía salir ileso de la avalancha humana que allí se concentraba. Ahora, la información que acababa de escuchar me colocaba a la altura de Rappel como visionario.
Nada más lejos de la realidad. Minutos después de la buena nueva enciendo el televisor y me dispongo a ver el telediario con la intención de corrobar ante mi gente que estaba en lo cierto. Pues chafún. Estuve a punto de lanzarme a una piscina olímpica sin haberme hidratado la piel previamente, ¡qué inconsciente!(cito a Estée Lauder). Subo el volumen del televisor y ahí estaba. "Los ciudadanos de las islas son los segundos que más han notado la crisis en estas fechas navideñas de entre todas las autonomías", decía el presentador. ¡Con dos mazapanes!. Según el INE, la comunidad balear había tenido que recortar en gran medida su gasto en estas fiestas, tal y como señalaban sus indicadores económicos.
Conclusión: antes de hablar de este tema con alguien, preguntaré si tuvo oportunidad de ver o no las noticias de ayer. A partir de aquí, Dios proveerá...
Cita postuaria: "Cuida de los pequeños gastos; un pequeño agujero hunde un barco."
Benjamin Franklin (1706-1790, estadista y científico estadounidense).
miércoles, 24 de diciembre de 2008
Un día de furia...
Todo empezó así. Tenía que hacerme unas analíticas y perdí el volante. Era mi primer día libre y a las 08.00h ya estaba en el hospital para solicitar una copia. Me dicen que ha entrado un nuevo sistema y ya no es suficente con entregar el papel el mismo día que decida ir a que me pinchen. Ahora se debe pedir hora por teléfono. La cosa se enchunguece. Consultamos la lista de espera y bingo: no hay hora hasta dentro de dos semanas. Eso sí, para adelantar puedo hacérmelos en otro centro. Eso es bueno, me digo. La parte mala viene ahora: no llegaré a tiempo porque cierran a las 08.30 y son y veinte. Me encanta que los planes salgan bien.
Por sugerencia paterna, llamo para pedir hora para el día siguiente en mi centro de salud y me dicen que ellos no reservan telefónicamente y que hay que ir en persona. Eso sí, los céntimos de euro que me han soplado por llamar al 902 sin que me aclaren nada, volaron. Hoy es mi día, me digo. Vista la conjura de los astros, me voy en persona una hora más tarde para cerrar in situ el asunto. Al llegar allí me atiende un señorita tan amable como desinformada. Me dice que no hace falta reservar día, puesto que basta presentarse a las 08.00 hora zulú -hay que ponerse riguroso en estos casos- y me lo harán al momento. Más o menos como el DNI pero con 14 horas de espera menos, se supone. Le pregunto si mañana va bien y me responde que "claro".
Ya es mañana. Aunque estoy de vacaciones, me levanto a las 07.00 hora de mier--. Bajo a poner un par de calles y a las 07.40h estoy en la puerta del centro. Una pareja de ancianos guarda el turno en la entrada resguardados del frío en un portal de 2x2, ideal para jóvenes emancipados. Están solos y me acerco a ellos para preguntarles esa información, vistos los precedentes. Regreso al coche que se encuentra a escasos 15 metros de allí. Aguardo en él hasta que se hacen las 07.55h y allí no aparecía ni el sereno. Me entretengo osbservando los movimientos de un par de prostitutas y sus chulos. Siempre ha habido clases. Ellas callejeando con una bufanda por falda con una rasca que cortaría los labios a un oso polar y los fulanos resguardados en el interior de un cajero automático. Ni un nirvi, diría l'amo en Pep.
Salgo del auto -en ese barrio ya se denomina así- y me dirijo optimista hacia mi centro de salud. No se incrementó la cola y prontito estaré en mi cama intentando conciliar el sueño que me birló el Estado hace unas horas -por si hay algún iluminado, repito que estoy de vacaciones-. Durante décimas de segundo estudio emprender acciones legales (está tan de moda que seguro que yo también puedo, ¿no?). Le pregunto a la pareja de ancianos si están esperando para unas analíticas (de unos años a esta parte la gente te mira con cara de asco si pronuncias la palabra "análisis" y ya veo bastantes getas de esas a diario como para no descansar en vacaciones -y van tres-). El señor, de esos a los que regalarías un abrazo entrañable, escucha y le transmite la respuesta por telepatía a su señora, que hace las veces de portavoz: "No hijo, hoy no hassen análissí. Llama y pregúntalo pero veraj que eh azín". Llamo y me abren al momento. Sale una señora que me mira con cara de ser demasiado pronto (las 07.58h) y le pregunto ahorrando todas las palabras que me permite mi escasa lucidez a esas horas: "Hoy se hacen analíticas, ¿verdad?". Y la respuesta es clara: "No, hoy no, no ves que lo pone ahí", y me señala un folio en el que se indica que hasta el 29 nasti de plasti. Yo, con un cabreo propio de "la Patiño" -agradezco este recurso a algunas de las mujeres de mi vida- le digo que ayer una compañera suya, sentada en el mostrador situado a mi lado, me dijo que "mañana mismo" -por hoy- podía hacerme los análisis, perdón, las analíticas -seguro que esto es cosa de Ibarretxe-. "Pues eso no puede ser porque ahí lo pone bien claro", y me vuelve a señalar el documento del delito que, perfectamente camuflado, podría haber pasado por un elemento más del decorado navideño del centro de salud. A todo esto, oigo una voz que sale de una habitación contigua: "Oye chaval, que aquí no puedes estar, ¿eh?". Lo que me faltaba. Un friki con porra que añora a Charles Bronson y tiene ganas de que le adelante algún presente antes de la Noche Buena. Falsa alarma. El propietario de esa voz, y de un cuerpo que ni en los mataderos de Jabugo, era un antiguo compañero de equipo con el que jugué en el Recreativo La Victoria. Por la gracia del espíritu navideño y mi falta de reflejos matinales, el destino puso el freno de mano y no quiso recrearse en su mala baba conmigo. El armario ropero al que iba a prometer un par de budspencers era de los míos y para lástima de mi cirujano maxilofacial, todo quedaría en un conato de envalentonada revenido a compadreo algo pastelón, por mi parte. Ya se sabe que los cambios bruscos de estado de ánimo, no me acaban de gustar, y del "pásame el teléfono de tu compañera que le voy a decir cuatro cositas" a la sujeto A, al "qué tiempos aquellos cuando tu tenías más pelo y mucho menos bíceps", hay un Palma-Cabrera-Palma a nado.
Lo dicho. Feliz Navidad y todo lo que le sigue. Sed felices, aunque los demás se empeñen en sabotearos el plan.
Cita postuaria: "Cuando la madre de Guillermo Jesús, de 7 años, le dijo que iba a llevarle al médico para que le sacara sangre, éste le contestó: 'Vale, pero sólo si después me la devuelven'
martes, 16 de diciembre de 2008
Top Ten de los blogs de Balears
Os adjunto el ranking de los diez blogs más visitados de Balears, según Alianzo.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Quién no ha tenido alguna vez la espalda mojada...
+en+su+taller+de+La+Habana.jpg)
Por ello, apuesto por un ejercicio que creo que deberíamos de hacer todos como es profundizar en nuestras raices, a saber: mis bisabuelos eran mallorquines (5), gallegos (2) y andaluces (1). Sus hijos nacieron en Mallorca (2) y en Cuba (2). Precisamente de este último caso quiero hablaros. Los padres de mi abuelo José Adán, desde Carballino (Galicia), y los de mi abuela Margot Ignacio (desde Mallorca) emigraron a La Habana para sobrevivir a la miseria que recorría España de cabo a rabo, en el primer cuarto del siglo XX. Lo curioso del asunto es que ambas familias nunca coincidieron en Cuba mientras se dedicaban a actividades económicas diferentes, que en los dos casos les permitió gozar de una situación económica privilegiada, ni de lejos parecida a lo que habían dejado atrás. Es curioso el caso de la familia Ignacio, decicada al mundo de la escultura y la restauración arquitectónica, aunque de eso ya hablaremos otro día.
En resumidas cuentas, mis antepasados cercanos fueron inmigrantes en tierra próspera, extranjeros sin papeles, con la humildad, el esfuerzo y su educación como único patrimonio con el que desembarcar en Las Américas. Estoy convencido de que si ellos estuvieran aún entre nosotros y convivieran a nuestro lado con el fenómeno actual de la inmigración, no dudarían ni un instante en sacarnos los colores cuando alegremente, y perdiendo la perspectiva de cómo hemos llegado a ser lo que somos, tuvieramos la tentación de dirigirmos con cierto desprecio a alguno de esos inmigrantes que salieron de un continente, que un siglo atrás recibió la huida a la desesperada de muchos de nuestros antepasados que trataban de olvidar qué se siente cuando se padece hambre. Tal vez sea el momento de devolver algún favor pediente...
Os adjunto una serie de fotografías de aquella época (algunas no están en muy buen estado) que acreditan lo que os he contado en estas líneas.
Cita postuaria: "La ingratitud proviene, tal vez, de la imposibilidad de pagar." (Balzac)
martes, 9 de diciembre de 2008
"Marcas blancas ahora que manda un negro" en PocoMás Magazine
No se escriba más. Leed, juzgad y sentenciad. Este monotribunal, para algunos simiotribunal (sé de alguien que me reclamará este ©) acatará la sentencia del jurado popular.
Cómo cambia todo y a qué velocidad (esta frase no es mía, se la copié a Bibiana Fernández). Años ha, ni el más sobresaliente de los master del universo summa cum laude por la Universidad de Harvard, hubiera dado un duro por las llamadas marcas blancas, low cost o, pa’ ti y pa’ mi que somos más austeros, “marcas pa’ los con poca guita”. Pues ahora resulta que los productos más económicos son los más in y cuentan con una acogida sensacional, traspasando la frontera de las capas sociales más humildes. ¡Tócate un pie -pido prudencia-, Mariano! (frase hecha sin ánimo de ofender al PP). Hasta hace un par de años si te hubieras paseado por Jaume III con un blazer (o americana, ¿a que soy divino?) de serie B te hubieran deportado a Guantánamo en piragua, remando desde El Portitxol y sin escalas. Y te estarás preguntando, ¿a dónde quiero ir a parar?. Pues ni idea, a mi me han dicho que tengo que “currarme” unas líneas y en eso estamos. Dicho esto, y tras tomarme mi medicación diaria, me encuentro en la situación de poder afirmar que las tornas han cambiado y ahora todo lo que sea low cost, o sea, barato a rabiar, es lo más mejor y aquel que no lo aproveche “castigadito cara a la pared”, como dice mi sobrino político cuando tras un “¡Mira aquello!” le birlo unas McCain (está claro cuál hubiera sido el lema de haber salido presidente: “Una patata de país”).
Ha llegado el tiempo en el que gastarse tres euros en una camiseta o t-shirt, veintiuno en unos jeans -¡quién me ha llamado fantasma!- y 12.99 en unas zapatillas es de lo más fashion que te puedas echar a la cara. Por supuesto, siempre a la zaga de una sensacional crema antidescolgamiento de jeta, con saliva de chihuahua y encimas de hígado de colomí jove, que ante todo revitaliza tu tarjeta de crédito cuando al pasarla por caja, le entra el mismo tembleque que a la Obregón en el casting para el papel de espada en la Guerra de las Galaxias. A estas alturas de la película, y plagiando parte del comentario que días atrás me hizo una simpática operadora (disculpo al 2% de las miles que marcan tu número cada mes porque no disfrutan haciéndolo) os debo advertir que “por sentido común no me viene nada”. Quizás, y esto es un suponer exento de malicia –frase que suele preceder a toda buena rajada que se precie-, si hubiéramos recurrido un poquito antes a los productos a bajo precio en vez de centrar nuestras aspiraciones en un bolso de Uy Valeunmonton o un pantalón de Bramani, tal vez se hubiera logrado reprimir aquella codicia suicida, que llevó a unos pocos hijos de bidé a crear esa gran mentira financiera, que el resto de infelices nos hemos tenido que tragar como menú diario, sin derecho a vino ni gaseosa.
Siempre he sentido cierto interés por aquellos que en ocasiones han procurado desmarcarse del grupo, pero sin exagerar. No me acabo de ver liquidando a compañeros de oficina como método antiestrés o haciendo gárgaras al saborear una caña en la barra del bar. Una cosa es salirse de la fila de vez en cuando, y otra muy distinta dar el cante jondo sin acompañamiento. Saltándose a la torera este principio, el pueblo ha desafiado al sistema y mientras a ritmo de soul hemos puesto un Obama en nuestras vidas, una blanca luz ha ido iluminando nuestros hogares entonando versos de esperanza musicados bajo la batuta de Hacendado, Lidle o Carrefour. Cuando las riendas del planeta recaen en un afroamericano –un negro, abuela; ¿Ves como no me olvido de ti?- nosotros los españolitos y españolitas, catalanes y catalanas, vascos y vascas, compostelanos y compostelanas, leperos y leperas, manacorins y de Biniali… nos tiramos al consumo –suena mal, ¿verdad?- de las marcas blancas. Si se cosca es nostro Barack, n’hi haurà per tot. Hasta aquí puedo leer que si no el tito Amancio se me altera y me sube el precio de ese jersey tan logrado, que me hace un tipito estupendo. ¡Zara: espérame y no me cierres tus puertas que sabes que soy tuyo!.
jueves, 27 de noviembre de 2008
Hay más fantasmas que sábanas...
A veces empezamos o acabamos los días de mejor o peor manera dependiendo de algún pequeño detalle o anécdota, que a pesar de su escasa importancia puede inclinar la balanza de uno u otro lado. A mí no me miréis; esto está montado así e igual que la imbecilidad, ocurre sin avisar y no hay que darle más vueltas. Precisamente os voy a hablar de un candidato al gilipuertas de oro de la academia.
Situaros. Entro en uno de los bares a los que acudo habitualmente -este dato quizás no sea muy preciso pero sólo hago que imitar a nuestros referentes actuales-. Antes de llegar a la barra ya tengo mi café servido sin articular palabra, y de propina me cae una sonrisa de cortesía del camarero que ciertamente no le daría para ganar el premio profident del día. Tomo asiento y cojo el primer periódico que diviso al alcance de mi mano, asegurándome de que para apropiarme de él no necesito ayudarme de mi codo. Es media tarde, no tengo ganas de guerra y me da mucha más pereza tener que firmar la paz. A tiro de estornudo se encuentra una pareja de tipos que no reconozco, a pesar de que por el volumen de su conversación diría que están ansiosos por que entremos en la misma. La cosa sigue tal que así:
-Pues no sé que hacer, tío. Creo que le diré que me marcho el 'finde' con los colegas sin más. Hace tiempo que lo tenemos planificado -dice el sujeto paciente-.
-Lo que tienes que hacer -mal asunto cuando empezamos así- es decirle: "Mira tía, el viernes me las piro y hasta el domingo no estaré disponible" -suelta el sujeto impaciente al que sólo le podía reprochar que no hiciera el gesto de retorcer el pescuezo de un palomo con sus manos.
Viendo los derroteros por los que parecía encaminarse la conversación privada convertida en mitin verdulero, decidí abstraerme. Y lo logré, aunque fuera por espacio un par de segundos. Entonces, el macho de la especie ibérica, dados los salchichones que hubiera dado de sí después de un buen San Martín, se decolgó con una reflexión digna de un memo condecorado con honores.
-A las tías hay que marcarles el terreno desde el principio. ¿Sabes lo que hago yo? -observé como se nos contagiaban las arcadas al resto de clientes afectados por la onda expansiva producida por ese prodigio de la era cromañón-. Yo se lo digo muy clarito: esto es lo que hay y si no te gusta tiene dos trabajos, mosquearte y des... 'loquesea'- lanzó el tigre salvaje al que la selva se le queda pequeña cuando se pone a marcarla con su orina.
A todo esto, y ayudado de un esponjoso croissant para amortiguar las galletas verbales de su amigo y apuñalador a tiempo parcial, el sujeto paciente (hasta la médula) no articulaba palabra. Y hacía lo correcto. Cuando intentas interceder por alguién cuyo coeficiente intelectual se le va entregando a plazos, lo más probable es que quedarse en silencio te haga salir victorioso. La ley del mínimo esfuerzo, chatín.
Entre bocado dulce y sorbo amargo, el Atila de las relaciones personales seguía erre que erre con su teoría de la gravedad: -Oye, que si se enfada no es nada grave, ¿eh?- argumentaba el valiente capullo... en flor silvestre. -Yo siempre digo una cosa: hay más mujeres que longanizas. Eso no es problema- concluyó el obama de la vida en pareja.
En los instantes siguientes logré alejarme de los briconsejos del gurú del amor en primera persona. Mientras navegaba sin rumbo entre las páginas del Marca -a ciertas horas mis facultades limitadas me impiden completar los sudokus del Wall Street Journal- una voz femenina se fue apoderando del ambiente. Giro mi cabeza en dirección a los pili y mili y observo como una chica de la misma edad se sienta en su mesa. Acto seguido, terminator toma las riendas de la conversación y lejos de coger el toro por los cuernos pregunta con voz dulce cual ventrílocuo:
-Dime cari, ¿qué quieres que hagamos esta noche?. La próxima vez me toca escoger a mí, ¿vale?-.
Yo no daba crédito. Chuck Norris le cedía el mando de la operación a Miss Rehén 2008. Si es que ya se sabe, "dime de qué presumes... y te diré que coche tienes".
Cita postuaria: "El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo" (Goethe)
miércoles, 26 de noviembre de 2008
"Café y Más" es mi recomendación de la semana
Café y más es un blog muy interesante obra del palmesano Jesús Cortés. En él encontrarás multitud de sugerencias gastronómicas que nos ofrece la isla, acompañadas de fotografías de los diferentes menús degustados y la correspondiente valoración del servicio que ofrece cada cafetería, con sus pros y sus contras. Es muy útil para ir variando los lugares habituales en los que disfrutamos de nuestra vida social. Elegir qué tomar, a qué hora y dónde es una de sus múltiples utilidades.


























