martes, 14 de abril de 2009

Carta abierta a Manolo

Hola Manolo,

Hace tiempo que tenía pensado escribirte pero no encontraba el momento para hacerlo. Quizá no lo busqué lo suficiente. He decidido utilizar esta vía porque como dicen que internet llega a todas partes, por qué no aprovecharlo. La verdad que son tantas las veces que los que me rodean se acuerdan de ti que siempre me digo "de hoy no pasa", y mira hasta dónde he llegado. Bueno, habrá que ir separando el trigo de la paja que aunque tú me has padecido poco te aseguro que cuando me lo propongo puedo llegar a adormecer a Buda y toda su prole o eso dicen los que me quieren, o eso creen creer... ¡Ves lo que te decía!

Esto que te voy a decir nunca se lo había contado a nadie y suena, como mínimo, atípico. Manolo: yo siempre quise tener un suegro. Me gustan esas historias en las que un extraño parece apoderarse de uno de los tesoros más codiciados de un padre que finalmente cae rendido ante su inofensivo yerno. En resumidas cuentas, y prescindiendo de la literatura, me gusta ganarme al hostil. Reconozco que cuando nos conocimos eso se convirtió en una estupidez de campeonato. Eres un relaciones públicas de manual y pronto pude comprobar como lo que decía tu hija de ti, era cierto. Tienes un magnífico sentido del humor, algo que me conquista al instante, eres detallista, servicial y protector con los tuyos. Poco después de que nos presentaran ya pude imaginar lo que me esperaba en adelante. Sobremesas entretenidas, conspiraciones para sorprender a alguien, un teléfono que nunca comunica cuando llamas buscando ayuda, un ejemplo de generosidad anteponiendo siempre los deseos de su gente a los suyos... Estoy convencido de que mis padres y tú hubierais hecho muy buenas migas. Extraordinarias diría yo.

Pero cuando ya me había hecho a la idea de este porvenir, te viste obligado a marcharte con urgencia y sin aplazamientos. En aquel momento supe que era imposible que todo lo que quedaba pendiente no pudiera saldarse nunca. Con el tiempo he ido comprobando como a pesar de la lejanía, has seguido al pie del cañón y muy de cerca las andanzas de toda tu familia -abusando de tu confianza, voy a incluirme yo también-. Ya sabes que tu hija acabó sus estudios universitarios, cómo tú siempre esperaste, que orientó su carrera profesional como deseaba y que se casó. De ese día, qué te voy a contar que no sepas bien. Participaste por delegación en la elección del traje de novia y entraste con ella en la iglesia de la mano de tu hijo. Nada nuevo para ti, Manolo. Por cierto, la música que elegiste para el vals fue todo un éxito.

Ahora viene lo mejor. Dicen de mí que he heredado de mi abuelo materno una especial habilidad con los niños, pero por lo que me han contado de ti siempre que alguien te buscaba en cualquier reunión familiar podía encontrarte rodeado de los más pequeños. Me temo que eso dentro de poco va a cambiar. Ser abuelo es una responsabilidad y requiere dedicación. Desde la distancia me aventuro a asegurar que serás sobradamente capaz de ambas cosas. Te dejamos algo más de cinco meses para que te organices, aunque con la ayuda de tu mujer y tus consuegros te será todo más sencillo.

Se me olvidaba. Si algún día te cuentan que saludo a desconocidos, discúlpame y recuérdales que no he perdido la cordura -todavía-. Seguramente creí haberte visto al volante de algún coche gris o caminando por la calle, y alcé mi mano. Nada que no cure una completa revisión ocular.

Pues creo que eso era todo por ahora. Si te parece bien podemos seguir en contacto de la misma manera. Cuídate mucho.

Un abrazo eterno.

Tu yerno.

3 comentarios:

Rebeca dijo...

Solo puedo decir: gracias

Haruki de la Mancha dijo...

Demasiado intimo para comentar...hoy lo dejaremos en reflexión personal...

H_Romero dijo...

A veces hay que frenar, pararse, mirar a ambos lados para acabar echando la vista atrás y... reiniciar la marcha. Es lo más justo con nosotros mismos.

Besos y abrazos