lunes, 19 de abril de 2010

Cosas que pasan

He decidido titular así esta entrada, robándole el nombre a un amigo y sublime blogger, para resumir en tres palabras como me siento últimamente. A partir de aquí, todos aquellos a los que os importe un pellejo de perejil lo que voy a contar podéis salir de la sala sin remordimientos colaterales. Si tuviera lo que hay que tener, yo también lo haría.

Después de ser padre la vida te cambia de sopetón. Para empezar te partes la jeta cuando piensas en el primer tipo al que un día se le ocurrió decir que para llevar una vida sana y ordenada y rendir decentementre en tu trabajo se deben dormir 8 horas al día. He buscado sin éxito su dirección postal para obsequiarle con un momento all-bran congelado y envuelto para regalo, por supuesto siempre desde el cariño -frase recurrente que suele preceder a un garrotazo verbal de los que te dejan las orejas temblando-. Cuando son las 05.00h y tus párpados se han llegado a tocar apenas un par de veces, empiezas a darle a la centrifugadora y arrancas a delirar. Cuando estás con una mano sujetando el chupete de tu hijo y con la otra intentando cubrir dos terceras partes de tu cuerpo con principio de hipotermia, te preguntas cómo el ser humano es tan sumamente incoherente: es capaz de mandar a un arganboy a Marte y no de crear un artilugio sujeta-chupete automático.

Después del sueño, el siguiente síntoma que te pone sobre la pista de que hay goteras en la terraza es que te empiezas a emocionar a menudo por las pijadas más absurdas que se puedan imaginar. Es evidente entonces que no puedo descuidar mis plegarias para sortear como sea el tener que cruzarme con algo realmente conmovedor, porque la cosa se complica de tal manera que eres capaz de lagrimar como los padres del futbolista revelación del Tegucigalpa, en la firma de su contrato por el Torrelodones B sobre la piel de una banana seca -lo primero que pillaron a mano-. En estos meses he ensayado tantos "se me ha metido algo en ojo" que llevo las americanas repletas de tarjetas de visita de oculistas sugeridos por extraños.

Otro de los cambios experimentados me tiene desconcertado. Me da por pensar concienzudamente a menudo, algo tan impropio de mí que me tiene abrumado. Vamos a ver, con lo bien que me iba a mí dedicándome a leer el Marca, viendo las fotos de la Rihanna de turno en las playas de Las Barbados o decidiendo si hoy me toca pizza o pa amb oli de menú, y ahora me tiene que estar pasando esto a mí. Lo curioso del asunto es que esos ejercicios mentales me han conducido al pasado. Una vez tras otra experimento como aspectos cotidianos de la vida me remontan a situaciones vividas muchos años atrás, con gente a la que quiero o he querido mucho. No le encuentro una explicación aparente. Quizá la perspectiva de la paternidad me ha devuelto el acceso a recovecos ocultos de mi memoria que estaban  guardados como oro en paño, bajo alguna contraseña extraviada. He vuelto a hablar con mis abuelos como si no hubiera pasado el tiempo. Como si estuvieran aquí todavía. He montado en el R8 de Pep y me ha contado cómo se las hizo pasar canutas a aquel gallito de El Terreno; he caminado por la calle Princesa con José -siempre impecable con su abrigo y  el ABC bajo el brazo- y en sus paseos estivales en Sa Indioteria me ha vuelto a dar unas monedas a escondidas para que comprara golosinas. También he vuelto a montar en bicicleta en El Dorado o a nadar a Cala Blava, a pasar las Navidades en Madrid o a jugar los domingos en el campo de La Victoria. Debe ser el preludio a mi nuevo rol familiar. Quizá haya sido mi hijo el que, sin decirlo, me esté pidiendo a gritos que le guarde una copia de seguridad de mi disco duro para que más adelante pueda contarle de dónde viene. Así están las cosas y así te las he contado.

4 comentarios:

Rafa Pecos dijo...

Amigo Héctor, creo que ha sido una de las reflexiones más bonitas y felices que has escrito.
Seguramente más de un lector se está poniendo al tema de ser padre tras leer estas entrañables palabras.
¡Disfruta!
Un abrazo desde los madriles.

H_Romero dijo...

Muchas gracias Rafa. La verdad es que sí que al escribirlo me sentía feliz. Por ese motivo he querido acompañar la entrada con esa canción tan especial.

Me encanta poder contar con tu presencia por estos lares. Un fuerte abrazo y póngame a los pies de su señora.

Ricardo Holguín dijo...

muy hermoso, te abre el apetito de sentir a tus seres queridos más cerca.

H_Romero dijo...

Muchas gracias Ricardo. Me parece que me lees con demasiados buenos ojos.